La Pérfida Albión
2 years ago
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8 ½

El mismo título de 8 ½ (1963) de Federico Fellini ya anuncia su elemento autobiográfico: siete largometrajes, dos cortometrajes y un largometraje en colaboración con otro director conforman su filmografía hasta el estreno de la película. En esta, acompañamos a un director de cine, Guido Anselmi, ya en la cuarentena, mientras intenta superar un período de director’s block. A la vez, hace malabares con su vida personal y profesional en un balneario que parece compartir espacio y tiempo con un estudio de filmación en el que trabaja en su nueva película con mayor o menor ayuda de productores, guionistas, actrices y demás personajes en mayor o menor medida incidentales.

8 ½ es una película sobre un director que hace dos películas: la película ficcional (de ciencia-ficción, se insinúa) y la extraficcional, la que estamos viendo. Los elementos metaficcionales y autobiográficos señalan, de esta manera, una identificación entre Fellini y su Guido, que se convertirá en su alter ego; hablamos, pues, de una personificación: el director-creador del filme aparece en éste como un personaje, en éste caso, protagonista. Más que ser presentado como el Dios creador todopoderoso, en 8 ½ el director es un personaje más; dentro de su confusión provocada por su crisis imaginativa, Guido atiende las exigencias de sus diversos colaboradores (desvelando así una imagen de la producción de películas muy lejana a la idea más romántica del proceso creativo) mientras su vida personal parece desmoronarse y se aleja, así, de la realidad: la línea entre realidad y fantasía se hace borrosa, y el espectador es testigo tanto del exterior, como del interior del personaje a través de sus recuerdos, fantasías y sueños, que parecen apoderarse lentamente de él.

De la película ficcional, sabemos más bien poco: las escenas que parecen conformarla son las de su propia vida; la ausencia de marcadores formales diferenciadores entre la fantasía y la realidad contribuyen a ello (algún que otro fundido encadenado y la encadenación entre escenas en general, empezando por el principio de la película; también, momentos como aquel en que la banda sonora de la escena es la música que toca una orquesta dentro del marco de la película), y en muchas ocasiones resulta difícil saber si nos encontramos en la realidad, en una fantasía o en una escena imaginada de la película por su director. 8 ½ se crea a medida que avanza mediante los consejos y exigencias del escritor y del productor, o el casting de personajes importantes, que resultan en una serie de episodios enlazados sin precisión y en un filme aparentemente falto de contenido y poco coherente, que serán las críticas que le hará su guionista colaborador a Guido en más de una ocasión. Esta dinámica se marca desde el principio, cuando Guido “aterriza” en el balneario y el médico que le atiende le pregunta si está trabajando en “otro filme sin esperanza”; y estará presente en el resto: otro ejemplo relevante es la aparición de la amante del director en el balneario: justo antes de su llegada a la estación de tren, Guido lee las notas del guionista en que cuestiona la relevancia de la aparición de “la chica”.

Hacia el final de la película, Fellini juega con un tópico romántico con la llegada de Claudia, la posible “salvadora” del personaje protagonista en cuestiones de amor. Lo curioso de esta escena es que durante toda la conversación se produce una identificación entre Guido/Fellini y “su personaje”: a las preguntas que le hace Claudia sobre él mismo, Guido contesta: “No, el personaje en el que pienso no podría.” El director parece desestimar, sin embargo, esa línea argumental y el personaje, por lo que le informa que no tendrá un papel en su película (nuevamente, la ficcional y 8 ½). La película parece avanzar de un modo un tanto accidental, dependiendo de los estados de ánimo del director y de los consejos y demandas que recibe y que decide seguir, lo que lo aleja mucho, como hemos dicho, del papel de director como personaje divino y todopoderoso con un masterplan. Nuevamente, el escritor critica la falta de crítica social de la película, que dice contener las desventajas del cine de vanguardia sin sus ventajas; propone tratar la “conciencia católica” italiana y, así, aconseja a Guido tener una reunión con el cardenal de la ciudad para que de su aprobación sobre el guión: de esta manera llega el ataque a la institución eclesiástica a la película, a través del flash-back del personaje a su infancia y de las palabras que repite el cardenal en su encuentro, señal de atraso e intransigencia: “No hay salvación fuera de la Iglesia.”

La escena un tanto fantástica del final en que todos los personajes se reúnen en aparente concordia (dejando atrás los conflictos que se han hecho evidentes a lo largo de la película), en realidad, no resuelve nada: 8 ½ no puede tener otro final que la desestimación del proyecto porque no hay finales moralizadores que valgan. Lo que se nos ha enseñado no es el resultado cerrado de un proceso creativo, sino el proceso creativo en vivo y en directo, si bien se aleja de la idea romántica que el espectador puede tener de éste: así Fellini lleva a cabo, quizás, una crítica a la industria cinematográfica, demasiado preocupada por el beneficio económico (lo que hace irónico que 8 ½ acabase siendo, después de todo, un éxito comercial).

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